La alfalfa (Medicago sativa) es uno de los principales forrajes producidos en el área mediterránea. Puede consumirse en forma fresca, ensilada, henificada o deshidratada. Estos dos últimos procesos son los de mayor interés para la industria de piensos compuestos. La henificación es un secado natural del forraje que precisa de un cierto tiempo (24 a 70 horas en función de la temperatura y humedad relativa) para reducir su contenido en humedad, lo que supone pérdidas de hojas y del valor nutritivo (proteína y vitaminas) y mayores riesgos de contaminación por tierra. Además, la humedad inherente al proceso, bien por lluvia bien por el rocío, aumenta la posibilidad de contaminaciones microbianas y fúngicas. La deshidratación reduce al mínimo estos problemas, dando lugar a un producto de mayor calidad. Los altos costes energéticos del proceso implican que la mayor parte de la alfalfa que se comercializa en Europa como deshidratada ha sufrido un proceso previo de prehenificado, dando lugar a un producto de calidad intermedia. Las alfalfas pueden comercializarse en forma de pacas, cubos o gránulos, siendo preferibles las procedentes de un segundo corte por su mayor calidad y menor contaminación con otros forrajes. La granulación favorece su manipulación, pero reduce su proporción de fibra efectiva. Además, la granulación dificulta comprobar la calidad del producto final así como la posible existencia de mezclas con otro tipo de forrajes o subproductos agrícolas.

alfalfa

Alfalfa
Viernes 4 de Diciembre de 2020
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